‘Panellets’, ¿ofrenda funeraria?

Está claro que desde hace un tiempo el «Día de Todos los Santos», día uno de noviembre, se ha convertido a nivel global en la celebración, casi por definición, de Halloween. La fuerza de la cultura americana se ha impuesto con contundencia aunque hay todavía tradiciones como la Castañada y los «panellets» en Catalunya -también Aragón, Valencia y Baleares- que resisten. Lógico, atendiendo a que se trata de un manjar dulce y delicioso que por esas fechas está más que justificado -aunque luego cueste lo suyo de bajar-. Y es que, como las castañas y el boniato es una comida altamente calórica. En el caso de los panellets, con un ‘plus’ atendiendo a su composición.

Se celebra, según parece, desde el siglo XVIII y podría tener un origen de tipo religioso e incluso funerario cuando era costumbre por «Todos Los Santos» llevar a la iglesia a modo de ofrenda una especie de panecillos de pequeño tamaño o en la visita a las tumbas. Su receta, en cualquier caso y según se apunta y de forma bastante razonable, entroncaría con el recetario árabe, rico, plural e ingenioso en lo que a postres y dulces se refiere. Su base se concentra en tres ingredientes principales: azúcar, yema de huevo y almendra molida, con añadidos ‘sui generis’ más o menos aceptados aunque poco reconocidos que también se pueden incorporar como la patata o el boniato. También pueden llevar rayadura de limón y una capa externa de clara de huevo que actúa a modo de adherente y que permite crear una cubierta que es frecuente que sea de piñones o almendras: ambos, dos de los ingredientes más típicos, si bien con el tiempo se ha ampliado la oferta a otros sabores como el coco, chocolate, café y un amplísimo etcétera.

La mezcla se hornea y después se deja enfriar. Bonita tradición, que difícilmente acabe engullida por otras fiestas, reclamando un espacio ganado por costumbre e historia y que en todas estas regiones tiene fieles y entusiastas seguidores que es improbable que dejen de llevarse por esas fechas algún que otro ‘panellet’ a la boca, acaben o no por disfrazarse.

Deja un comentario