Restaurante de playa sin exageradas pretensiones, de fantástica ubicación y que nos sorprendió tanto por calidad como, en los tiempos que corren, por cantidad. Seguro, además, que guarda detrás una historia curiosa, singular, o por lo menos eso es lo que intuímos a partir del aspecto de su propietario: extranjero, sencillo y de aspecto bonachón, que suele salir a saludar a los comensales e interesarse por ellos. Ubicado en Malgrat de Mar, algunos de los clientes suelen también ser de fuera, así que el inglés es un idioma que no se hace para nada extraño en este restaurante/bar de playa que ofrece una buena relación calidad/precio.
