Comimos un día en un restaurante del centro de Barcelona y aproveché, con todo el respeto -por supuesto- hacia los comensales, camareros y responsables, para captar algunas fotos de su interior, que me pareció decorado con bastante gusto (ni excesivo ni demasiado simple o minimalista). Y quedé con ellos que les mandaría algunas muestras y tanteé la posibilidad de hacer un día una sesión gratuita de prueba. Gustaron y convenimos la fecha, que se realizó un par de semanas más tarde. Hay que tener en cuenta que la gente es algo reacia de entrada, sin conocerte ni -puede, tal vez- tener necesidad de imágenes para sus redes sociales (que esta es la otra parte dela cuestión).
En cualquier caso, al final se llevó a la práctica. Para mi sorpresa, era la mujer la que llevaba la gestión de la parte más comunicativa del restaurante sin que necesariamente su marido estuviera al corriente de las gestiones que realizaba la primera. ¿Qué es lo que pasó? Pues, simple y llanamente, que al presentarme con mi equipo un día por la mañana, con poco trabajo (para no molestar), el señor -italiano- no me esperaba. De todos modos, supo gestionarlo de forma muy razonable y con buena actitud. Por mi parte, que me había trasladado con algunos flashes y un pequeño equipo portátil de iluminación para captar algunas imágenes de recetas y platos, tuve también que adaptarme a un escenario extraño. Lógicamente, en mi cabeza lo primero que pasó -y que fue lo que hice- fue molestar lo menos posible, no reclamar ni pedir nada a cocina (esa parte, en principio corre del potencial cliente, que es el que tendría que estar más interesado) y realizar fotos del interior, mesas, con algún punto humano (desenfocado la mayoría de las veces, para restar protagonismo y ganar atemporalidad) y poco más. En resumen, cerca de una hora dando vueltas por un escenario dominado por unas pocas mesas (el local es relativamente pequeño) para tratar de construir escenas atractivas y adecuadas a la identidad y perfil del establecimiento.
El resultado, a mi entender, fue bastante aceptable. De hecho, acabé relativamente contento aunque la fotografía, como cualquier otra disciplina, es algo en constante evolución y desarrollo. Mandé a la semana siguiente, después de algo de edición (aunque no desmedida -pienso que tiene que haber cierta o bastante fidelidad entre las fotos y la realidad para que la gente no se lleve a engaño-) una decena larga de instantáneas. En el fondo -muy en el fondo, pero no se puede negar-, estaba la esperanza de poder ganar un cliente e ir desarrollando su identidad en redes de forma progresiva y con bastante detalle. No fue así. Agradecieron el tiempo y las imágenes y ahí quedó todo. En cualquier caso, me llevo una experiencia real y una oportunidad de seguir creciendo como profesional.
A contiuación, sigue una pequeña muestra de imágenes de aquel simulacro de sesión, del aprendí bastante (y con la voluntad de seguir haciéndolo mucho más).
(Más fotos en el perfil de IG: @ignasirv2)
