Granja Viader, una histórica de Barcelona que ya va por su quinta generación

Se encuentra en un emplazamiento muy céntrico, próximo a la Plaza Catalunya y muy cerca también de las Ramblas, en una calle paralela (calle Xuclá, 6) y tiene una historia que se remonta a finales del siglo XIX cuando por entonces era una lechería: una más de las muchas que había en la ciudad y que tenían a los animales en la parte trasera o muy cercana al local. Su primera propietaria fue, según explican en su propia página web, Rafaela Coma, aunque no mucho más tarde el negocio pasaría -inicialmente en régimen de alquiler- a manos de un joven llegado de Cardedeu, autodidacta y con mucho empuje, Marc Viader, que hacia 1904 ya se había hecho cargo del negocio. Y que hizo prosperar siempre ligado a su pueblo natal, haciéndose traer desde allí la leche y los huevos y creando un obrador propio para ofrecer en la granja también otros derivados lácteos como el mató, mantequilla, flanes, arroz con leche, etc. La actividad prosperó a la vez que lo hacía la familia. Tuvo siete hijos: los tres primeros, Josep, Joan y Mercè se incorporaron al negocio como aprendices, como más tarde harían muchos de sus otros hermanos que abrirían más locales en la ciudad.

Negocios que se fueron ampliando a la vez que Marc Viader creaba la empresa Letona, que actuaba como central lechera de Catalunya y se convertía en una de las empresas, dentro del sector alimentario, de referencia. La Guerra Civil hace que se expropien las propiedades por parte de la CNT, aunque consiguen recuperarlas tras la contienda. La posguerra será un periodo díficil para la familia durante el cual, de todos modos, la Granja Viader de la calle Xuclá sigue en manos del primogénito, Josep, que mantendrá hasta los años setenta, cuando pasa a otra de las hermanas, Mercè. Hoy, sus actuales propietarios – la quinta generacion ya- derivan de esa otra rama, que mantiene la actividad y que sigue apostando por los productos lácteos, a los que ha añadido otros de tipo artesanal, como embutidos, zumos, pasteles, etc. y que se pueden también comprar en la misma granja: solo entrar queda un amplio y vistoso mostrador en uno de sus lados, con unos pasteles y un gran abanico de posibilidades que abren el apetito.

Ellos recomiendan, entre otros, un plato de nata, taza de chocolate, melindros, pastel de queso, horchata, flan de queso, mató, bizcocho, crema catalana, batido de fresa, leche merengada, pastel de manzana y, como no podía ser de otro modo, el Cacaolat.

Y es que, su fundador, Marc Viader, habitual de ferias y encuentros internacionales por toda Europa, fue también quien en 1931 creó en Catalunya la fórmula del Cacaolat tras uno de esos viajes; un producto con gran tradición y muy querido en Catalunya, exitoso que durante muchos años fue de la familia aunque hace ya algún tiempo que lo vendieron y ha seguido otros caminos, en algunos casos haciendo temer por su desaparición. No ha sido así, continua todavía vigente, adaptándose a los cambios y, más o menos fiel, a sus orígenes que se encuentran en aquel emprendedor de Cardedeu que, con mucho trabajo y también curiosidad y gusto por la innovación, creó una de las grandes empresas catalanas del siglo XX. En la actualidad, esta granja es el vivo recuerdo del lugar donde empezó todo y donde se sitúa parte importante de la historia de aquella familia.


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