Sesión en una pastelería que ya conocía y que nos había sorprendido durante nuestra primera visita para desayunar un sábado de algunos meses más atrás por su calidad pero también buen precio o muy razonable. La Pastelería Garde, de larga experiencia que se remonta a finales del siglo XIX y que incluye por lo tanto varias generaciones, tiene gran ubicación en el centro de Barcelona, pero lo por lo visto durante la sesión también una clientela numerosa y muy probablemente fiel: durante las cerca de tres horas que estuve el ritmo al que fueron entrando personas y llenándose las mesas fue constante y de cierto volumen. Sus productos, sin duda, lo merecen. Y la relación calidad-precio, también.
Llegué a las ocho, cuando todavía no había demasiada gente para hacer algunas fotos del obrador: de la preparacion previa de productos como, por ejemplo, unos deliciosos croissants de chocolate con leche y almendras que estaban preparando para San Valentín. Después tuve ocasión de hacerles algunas fotos y dieron para sacar detalles francamente delicados. También pude trabajar con pasteles y otros dulces, pero me quedé muy corto. El abanico, la oferta con la que cuentan, es mucho mayor que lo que yo durante ese día pude cubrir. La experiencia fue buena, aunque en algunos momentos un pelín estresante al trabajar con luz artifical, difusores, y en una mesa que no era muy grande y que muchas veces quedaba cerca de grupos amplios que entraban a tomar algo y que podían distraer. Cuestiones, en cualquier caso, que son normales y lógicas en situaciones como ésta. Idealmente sería mejor para todas las partes trabajar en horarios más tranquilos; pero la sensación es que en esta pastelería el ritmo es constante y más o menos intenso durante buena parte de la jornada.
La valoración, sin duda, fue positiva. Contento de haber podido visitar y conocer un poco más esta pastelería, donde hacen muy bien las cosas y de quienes imagino que las cosas les seguirán yendo en la dirección marcada en el futuro más inmediato.
