«La Mar Salada», un clásico muy arraigado a la Barceloneta, con un punto de creatividad

Restaurante de la Barceloneta, de comienzos de los años noventa, familiar y que cuenta con un equipo de una veintena de personas entre personal de cocina y de servicio y con tres figuras principales inamovibles desde hace ya más de dos décadas, con Marc Singla al frente de la parte más estrictamente gastronómica. «Cercanos», «cotidianos», «a precios razonables» y con una propuesta con productos de proximidad y en muchos casos, como es lógico y tradición de este barrio de Barcelona, del mar. Estas son solo algunas expresiones que utilizan en su web para definir qué son y cómo se presentan. «Amabilidad, simpatía y creatividad» podrían ser también otros calificativos para referirse a lo que proponen y ofrecen y que puede que incluso se queden cortos.

De entre sus tapas, destacan sobre todo la de pulpo, la gilda (que complementan con naranja, anchoa, piparra y boquerón) o la «bomba». Ésta es característica de toda esta parte de la ciudad catalana, que ya se ha extendido mucho más allá de sus límites y que consiste, de forma muy sintetizada, en una gran croqueta rellena de patata y complementada con salsa picante o brava. La de «La Mar Salada», sabrosa y un clásico con voz propia de su carta y menú, va rellena de boloñesa de pulpo y con un punto de salsa brava por encima (fotos de la sesión en la parte inferior). Su aspecto y tamaño son más que reseñables. Ellos, además y lejos de quererse adueñar de este plato, rinden tributo a sus creadores primigenios, del restaurante «La Cova Fumada» y a la abuela María que, como a veces pasa, acabó por inventar un nuevo plato buscando hacer otra cosa. El ingenio y capacidad de corrección y/o improvisación llevaron a esta «Bomba», que ya es desde mediados del pasado siglo patrimonio culinario de la Barceloneta. Y probablemente, de Catalunya.

En «La Mar Salada», además, para este verano/primavera subrayan también otras recetas como la de la merluza a la romana con pimiento escalivado y sopa de arroz, con un aspecto y presentación más que notables. Se nota la mano del chef. El resto de novedades, mejor descubrirlas por uno mismo en un restaurante que cuenta también con terraza y que puede ser muy agradable, especialmente cuando sopla algo de brisa dada su localización en un paseo amplio e histórico de Barcelona (el Joan de Borbó). Su proximidad a toda la parte de la playa lo convierten en una alternativa francamente buena.

Mi experiencia, a nivel fotográfico, con ya dos sesiones con ellos, ha sido muy positiva y con ganas de poder seguir colaborando con ellos. De la primera jornada, de aproximación y pudiendo haber probabo varios de sus platos aunque sin ser un experto, pude salir muy satisfecho. Y a título individual, mi balance hace que sea más que recomendable. //


 

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