«La Sosenga», tradición, producto, proximidad y, según dicen, «algo de técnica»

Hace ya algún tiempo que se viene hablando de este restaurante del centro de Barcelona, en el Gótico, relativamente o bastante cerca de la plaza Urquinaona y en una calle paralela, en la parte de arriba, a Vía Laietana (calle Amargós, 1) pero es que «La Sosenga» está creando unas grandes expectativas. Aparecen ya en ránkings de mejores propuestas gastronómicas del año de publicaciones de recorrido y hacen colaboraciones, que pueden verse en sus propias redes sociales, que van más allá de nuestras fronteras. Con un equipo relativamente pequeño y una apuesta contenida y arraigada al territorio, sostenible y con conciencia, incluso sus horarios denotan un cambio de sensibilidad que se está extendiendo de forma notable, progresiva e inexorable en el sector y que pone también los horarios y la conciliación en el centro de sus prioridades.

Detrás, una pareja, el chef con experiencia en establecimientos según varios medios en «The Greenhouse» o «La Esquina», Marc Pérez, y en la sala, Tània Doblas. La propuesta, menús degustación de 8 o 9 platos de martes a sábado para comer y cenas los viernes y sábados, en un local relativamente pequeño, de techos bajos, aparentemente austero, con una paleta cromática contenida, con mucha madera y que otorga sobre todo a los productos de temporada y cercanía, así como a los productores, gran protagonismo; eso sí, como detallan en alguna entrevista también «con algo de técnica» (pero seguramente, sin que eso quite peso y presencia a los alimentos).

El nombre, «Sosenga», curioso y desconocido para una inmensa mayoría de nosotros, sirve como clara y significativa declaración de intenciones. Está extraído de un recetario medieval en catalán del siglo XIV (1324), que es uno de los más antiguos conservados de Europa. Se refiere, en concreto, según parece a un sofrito hecho a base de cebolla, ajo, manteca de cerdo, miel, romero, mejorana y ralladura de piel de naranja y que se puede pedir en el propio restaurante. Medios como La Vanguardia, «Viajes National Geographic» o «Time Out» ya se han pasado por sus elegantes y sobrias mesas y han publicado artículos en sus respectivas publicaciones que dejan constancia de su buen hacer.

Nuestra experiencia: En nuestro caso, disfrutamos de un menú degustación de nueve platos, con dos postres, varios entrantes y producto de temporada, por lo tanto, de otoño, sin vino ni cafés por unos 35 euros, que estuvo, sin duda, a la altura de lo esperado -y que no era poco, después de algunas reseñas leídas de autores con credibilidad, como entre ellas la revista «Cuina» o la periodista Cristina Jolonch-. Nos gustó la experiencia, los platos, el local y el servicio -éste último, por cierto, con vocación divulgativa al explicar de qué trataba cada uno de los platos, procedencia e incluso, es probable, que algo de elaboración-. Entre una cosa y otra fueron cerca de 50 euros por cabeza, para una experiencia que valió mucho la pena. Una relación calidad-precio más que notable. //


 

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