En su historia explican que se fundó en 1941 y que desde entonces es lugar emblemático y tradicional para desayunos y meriendas, con los clásicos chocolates a la taza, suizos con melindros y surtido variado tanto de pastas com de tés y cafés. Detrás, sus impulsores originarios, Joan Mach y Elvira Farràs, que junto con todos los que les han sucedido después han hecho que en este tiempo este establecimiento, situado en el número 2 de la calle Petritxol de Barcelona, se haya ubicado en lugar preferente en la mente y en el imaginario de muchos vecinos de la ciudad (y nos atreveríamos a decir que de Catalunya), siendo la granja Dulcinea una de las grandes referencias en cuanto a chocolaterías concierne. Su localización, en el barrio Gótico y bastante cerca de las Ramblas, Plaza Catalunya o la Plaza del Pi, hace que dar una vuelta por el centro y tomarse un chocolate en sus mesas de madera, sólidas, en buen estado pero que denotan el poso del paso del tiempo, sea un plan muy apetecible para muchas familias, parejas o grupos de amigos, entre otros potenciales visitantes.
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Pasteleros Garde, desde 1898
Llama la atención desde la calle, como suelen hacerlo la inmensa mayoría de pastelerías que saben jugar muy bien con productos muy vistosos, una buena presentación y una iluminación que suele jugar con tonos cálidos, muchas veces ocres o amarillos, en armonía con el género y realzando sus cualidades. Esta pastelería, en la calle Consell de Cent, 421 de Barcelona (muy cerca en su momento de la sede central de la redacción del diario El Periódico de Catalunya) invita a pararse y echar un vistazo. La parte de venta es la más accesible, mientras la de cafetería, amplia y agradable, queda en la parte de atrás. Su calidad es más que notable y a un precio absolutamente competitivo y que nada tiene a envidiar al de franquicias que se mueven en unas cifras muy parejas.
