Sesión en una pastelería que ya conocía y que nos había sorprendido durante nuestra primera visita para desayunar un sábado de algunos meses más atrás por su calidad pero también buen precio o muy razonable. La Pastelería Garde, de larga experiencia que se remonta a finales del siglo XIX y que incluye por lo tanto varias generaciones, tiene gran ubicación en el centro de Barcelona, pero lo por lo visto durante la sesión también una clientela numerosa y muy probablemente fiel: durante las cerca de tres horas que estuve el ritmo al que fueron entrando personas y llenándose las mesas fue constante y de cierto volumen. Sus productos, sin duda, lo merecen. Y la relación calidad-precio, también.
