Meleta de Romer

Lo dicen ellos en la propia web del restaurante y es que se trata de un proyecto no solo de restauración sino «familiar, juvenil y de vida», que aúna a tres hermanos -dos chicas, Gessamí y Claudia, y un chico, Dani-, localizado donde nacieron y crecieron, en «L’Ametlla de Mar», con una apuesta gastronómica interesante y una componente televisiva que no se puede obviar. En L’Ametlla su emplazamiento, en concreto, es excepcional, dando a la playa principal -la de «L’Alguer»- de este municipio del sur de Cataluña, típico mediterráneo y característico de la Costa Daurada.

El local no es especialmente grande pero sí acogedor y con una orientación idónea hacia el mar, el paseo y la arena, y una parte de terraza que durante los meses de buen tiempo -que en esas latitudes, algo por debajo de Tarragona y a unos 100 quilómetros de Barcelona- son muchos. El interior, con un punto ligero, fresco, cuenta con una decoración en sintonía con el lugar y con el carácter marinero – con predominancia del azul, blanco y madera- que se ha querido transmitir. Y con unas ventanas y luz francamente espectaculares y que pueden ser la envidia de muchos. En la cocina, sobre todo, platos dominados por el uso de productos de proximidad y temporada, con una clara sensibilidad por el territorio, medioambiente y sostenibilidad. Valores que también se trasladan a los platos y al equipo humano, fundamentalmente joven pero transgeneracional y diverso, y que parece trabajar con rigor pero también con una sonrisa y en un ambiente distendido y agradable.

Detrás, por lo tanto, se encuentran tres hermanos pero destaca de forma muy particular y probablemente como gran impulsora y motor: Gessamí Caramés. Chef catalana, podría decirse sin atisbo de duda, que una de las cocineras más destacadas aquí de la última década, todavía muy joven, apenas traspasada la frontera de la treintena, pero con una experiencia ya remarcable. Su participación como copresentadora en el programa «Cuines» de TV3 desde hace siete años, al lado de Marc Ribas y en las últimas temporadas, Arnau París, la ha hecho habitual de muchos espectadores después de comer, otorgándole una proyección y presencia mediática notables y estableciendo unas bases que posiblemente hayan facilitado la puesta en marcha del «Meleta de Romer«. Por cierto, el nombre del restaurante es un guiño a la frase con la que suele terminar todas sus recetas en el programa de televisión, como Marc Ribas lo hace sirviéndose de su famoso «Brutal!» o Arnau París con la expresión -creo- que da nombre a su sección: «Cuina en un pim-pam». //


Para cualquier proyecto gastronómico (restaurante, cafetería, hotel, chef…), si estáis interesados en colaborar podéis contactar mediante correo electrónico a:  info@irvphoto2.net.

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«Meleta de Romer», proyecto familiar de una de las chefs catalanas más destacadas y mediáticas de la última década

Lo dicen ellos en la propia web del restaurante y es que se trata de un proyecto no solo de restauración sino «familiar, juvenil y de vida», que aúna a tres hermanos -dos chicas, Gessamí y Claudia, y un chico, Dani-, localizado donde nacieron y crecieron, en «L’Ametlla de Mar», con una apuesta gastronómica interesante y una componente televisiva que no se puede obviar. En L’Ametlla su emplazamiento, en concreto, es excepcional, dando a la playa principal -la de «L’Alguer»- de este municipio del sur de Cataluña, típico mediterráneo y característico de la Costa Daurada.

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Dulcinea, una chocolatería convertida desde ya mucho en todo un clásico de Barcelona

En su historia explican que se fundó en 1941 y que desde entonces es lugar emblemático y tradicional para desayunos y meriendas, con los clásicos chocolates a la taza, suizos con melindros y surtido variado tanto de pastas com de tés y cafés. Detrás, sus impulsores originarios, Joan Mach y Elvira Farràs, que junto con todos los que les han sucedido después han hecho que en este tiempo este establecimiento, situado en el número 2 de la calle Petritxol de Barcelona, se haya ubicado en lugar preferente en la mente y en el imaginario de muchos vecinos de la ciudad (y nos atreveríamos a decir que de Catalunya), siendo la granja Dulcinea una de las grandes referencias en cuanto a chocolaterías concierne. Su localización, en el barrio Gótico y bastante cerca de las Ramblas, Plaza Catalunya o la Plaza del Pi, hace que dar una vuelta por el centro y tomarse un chocolate en sus mesas de madera, sólidas, en buen estado pero que denotan el poso del paso del tiempo, sea un plan muy apetecible para muchas familias, parejas o grupos de amigos, entre otros potenciales visitantes.

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