Sesión en una pastelería que ya conocía y que nos había sorprendido durante nuestra primera visita para desayunar un sábado de algunos meses más atrás por su calidad pero también buen precio o muy razonable. La Pastelería Garde, de larga experiencia que se remonta a finales del siglo XIX y que incluye por lo tanto varias generaciones, tiene gran ubicación en el centro de Barcelona, pero lo por lo visto durante la sesión también una clientela numerosa y muy probablemente fiel: durante las cerca de tres horas que estuve el ritmo al que fueron entrando personas y llenándose las mesas fue constante y de cierto volumen. Sus productos, sin duda, lo merecen. Y la relación calidad-precio, también.
Etiqueta: chocolate
Dulcinea, una chocolatería convertida desde ya mucho en todo un clásico de Barcelona
En su historia explican que se fundó en 1941 y que desde entonces es lugar emblemático y tradicional para desayunos y meriendas, con los clásicos chocolates a la taza, suizos con melindros y surtido variado tanto de pastas com de tés y cafés. Detrás, sus impulsores originarios, Joan Mach y Elvira Farràs, que junto con todos los que les han sucedido después han hecho que en este tiempo este establecimiento, situado en el número 2 de la calle Petritxol de Barcelona, se haya ubicado en lugar preferente en la mente y en el imaginario de muchos vecinos de la ciudad (y nos atreveríamos a decir que de Catalunya), siendo la granja Dulcinea una de las grandes referencias en cuanto a chocolaterías concierne. Su localización, en el barrio Gótico y bastante cerca de las Ramblas, Plaza Catalunya o la Plaza del Pi, hace que dar una vuelta por el centro y tomarse un chocolate en sus mesas de madera, sólidas, en buen estado pero que denotan el poso del paso del tiempo, sea un plan muy apetecible para muchas familias, parejas o grupos de amigos, entre otros potenciales visitantes.
«Brunch», by Andrea Williams
Es un local que no deja indiferente y que probablemente no sea tampoco para cualquiera -si bien soy partidario de darle una oportunidad a muchas cosas y lugares-. «Brunch by Andrea Williams», en la calle Buenaventura Muñoz, 8 de Barcelona (muy cerca del Parc de la Ciutadella y de la parada de metro de Arco de Triunfo, de la línea 1 -la roja-) responde o se puede sintetizar de forma breve y más o menos precisa con el término: «cuqui». Todo o gran parte de su decoración es rosa, que es el color predominante y que recuerda al movimiento marketiniano impulsado por la casa Mattel y de impacto global coincidiendo con la producción y estreno de un gran éxito fílmico como fue la película «Barbie». Y que hay que reconocer que fue mucho más allá de un homenaje o reivindicación de una muñeca, con toda una serie de reflexiones y observaciones sobre tendencias sociales muy bien recibidas en general por la crítica. De hecho, estuvo nominada en varias categorías aquel año en los Óscars de Hollywood.
Granja Viader, una histórica de Barcelona que ya va por su quinta generación
Se encuentra en un emplazamiento muy céntrico, próximo a la Plaza Catalunya y muy cerca también de las Ramblas, en una calle paralela (calle Xuclá, 6) y tiene una historia que se remonta a finales del siglo XIX cuando por entonces era una lechería: una más de las muchas que había en la ciudad y que tenían a los animales en la parte trasera o muy cercana al local. Su primera propietaria fue, según explican en su propia página web, Rafaela Coma, aunque no mucho más tarde el negocio pasaría -inicialmente en régimen de alquiler- a manos de un joven llegado de Cardedeu, autodidacta y con mucho empuje, Marc Viader, que hacia 1904 ya se había hecho cargo del negocio. Y que hizo prosperar siempre ligado a su pueblo natal, haciéndose traer desde allí la leche y los huevos y creando un obrador propio para ofrecer en la granja también otros derivados lácteos como el mató, mantequilla, flanes, arroz con leche, etc. La actividad prosperó a la vez que lo hacía la familia. Tuvo siete hijos: los tres primeros, Josep, Joan y Mercè se incorporaron al negocio como aprendices, como más tarde harían muchos de sus otros hermanos que abrirían más locales en la ciudad.
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«Malamar», tapas de calidad y en cantidad
Restaurante de playa sin exageradas pretensiones, de fantástica ubicación y que nos sorprendió tanto por calidad como, en los tiempos que corren, por cantidad. Seguro, además, que guarda detrás una historia curiosa, singular, o por lo menos eso es lo que intuímos a partir del aspecto de su propietario: extranjero, sencillo y de aspecto bonachón, que suele salir a saludar a los comensales e interesarse por ellos. Ubicado en Malgrat de Mar, algunos de los clientes suelen también ser de fuera, así que el inglés es un idioma que no se hace para nada extraño en este restaurante/bar de playa que ofrece una buena relación calidad/precio.
